
21.10.09
13.10.09
11.10.09
18.9.09
Fui la sombra sobre el mundo, el anuncio del fin, la “danza babosa de la muerte”. Lentamente he ido adquiriendo el espesor de una racionalidad renaciente, más pronto acabé encerrada en los cuerpos lacerados de la escoria y la inmundicia social.
Yo, la locura, hablo. Soy ese encanto del genio o ese genio del desencanto, puedo justificar mis saltitos calmando el hambre de espectáculos o condenarme a los pasillos de un hospicio, arquitectura donde mi acontecer cobra el valor de la medida de un cóctel; atrapada, desatada, atada y vuelta a desatar en configuraciones de atávica psicopatología.
16.9.09
10.9.09
9.9.09
7.8.09
31.7.09

Los lazos consanguíneos funcionan para el hemibobo como una red de tuberías, de cañerías a través de las cuales un plasma caliente y texturado se adhiere a la realidad de un origen y un desenlace. Hacia el interior de esas venas existenciales, ramificadas en la mente, la sangre no necesariamente fluye.
La pregunta de la filosofía emerge como vibración mecánica en una herida abierta cuya pulpa es recubierta por sangre coagulada (cascarita). El hemibobo anhela coagularse. La coagulación del existir pacifica los cuerpos entablando un vínculo estrecho con la pertenencia, con la paz del adormecerse. Pero algunos espíritus sufren raptos de aburrimiento como conmoción de nada, de diferencia abismal ontológica entre consuelos inútiles. Ahí mismo, en la de repente apertura, las costras se licuan, la sangre vuelve a circular alcanzando temperatura, la pregunta recupera su entropía, los cuerpos su estado de desorden, el devenir su grado de irreversibilidad.
No todo hemibobo logra o tolera el flujo sanguíneo, la herida abierta. Hay algo dislocado en la continuidad consanguínea de quienes andan acosados por la pregunta anticoagulante. ¿Puede una absoluta orfandad arrojarnos a la desesperación del sin sentido? ¿Puede esa desesperación arrastrarnos a una ignorancia que sabe de lo en vano, liberándonos de toda tarea trascendental, haciendo de la vida una mundana y bella inmanencia perecedera?

Nos desplazamos como globos sin hilos, flotando en la entelequia, examinados por la pregunta alfiler: ¿por qué hay algo y no simplemente nada? Mi globo implora su hilo, lo exige: algo que me sujete a la tierra, o a un poste.
Los globos no encuentran hilos que aferren a una mano. La tenacidad del hemibobo debería aceptar sus límites. Hay globos errabundos codiciando el amor de un niño, pero todo esfuerzo es vano.
15.7.09
Una campaña desarrollada por arkhé-vmn y el gran FEDERICO

Hay distintas formas de pensar estos problemas que nos interesan. Desde cierto punto de vista, el fin del mundo tal como lo vemos podría ser sólo una paranoia pasajera, desde otro, una visión hiperrealista con resultados inevitables". (Extracto de uno de los textos de campaña).
Si querés visitarla hacé click aquí
6.7.09

He visto a un hombre obstinado en la tarea de detener el movimiento. Solía mirarlo con curiosidad, pero me resultaba ciertamente penoso establecer un durante a su alrededor.
Mirando por la ventaba, sus ojos se comprimían hacia el centro buscando ver la inacción de las cosas. Y en cierto modo lo lograba, la calle se inclinaba ante él como una panografía inerte.
El hombre sabía que sus espacios eran devotos al hielo, podía modelarse cubiteras a medida y dispensarse un pequeño mundo de mentiras inalterables.
Pero el tiempo hizo su juego: carne putrefacta y desgaste eólico.
El espacio entabló una guerra irracional con el indomeñable tiempo, quisieron separarse, remedio inútil, y el hombre se precipitó desde un declive hacia su horror de nada. Ya sin tiempo ni espacio domesticable, pensó que quizás moriría.
5.7.09
El hemibobo -el futuro verá qué representa para ellos esta palabra-, es un estado donde un algo bioviscoso se sostiene, se consiste, se mantiene en medio de una nada que le circunda.
(Esta situación es la de que hay fosa y en ella sobrevolamos latiendo, carnales, en trance de desaparecer; persistiendo –subsistiendo-, alzando las manos para ser avistados, abrazados por el calor de otro cuerpo).
Ya de pequeño solía sentirme absorbido por esa pregunta tan radical de la filosofía, pero no de la filosofía como ciencia o disciplina, sino de la filosofía como modo de concernir el reflexionar con la inminente desaparición de lo que somos. Ese amor a la sabiduría era para mí una promesa de inmortalidad, cada cosa que hacía, cada forma de aparecer en el mundo, un bobo intento por evadir la muerte.
Pero lo muerte: ¿es la promesa mayor del reencuentro? Toda mi vida he padecido las pérdidas, he crecido con la mortificante necesidad de creer y de revelar algún propósito por detrás de mis actos, dramaturgia de la cual no era (ni esperaba ser) el escritor. Esa aspiración todavía insiste en mí, a veces como tragedia, otras como promesa de realización. ¿Debería haber una razón por la cual existo?
¿Por qué hay algo y no simplemente nada? Esa es la pregunta ineludible de la filosofía, y justamente por ello es una pregunta intempestiva, extemporánea, inactual. Pero no sólo sin-época, también es una pregunta hacia lo otro que es mi nada, mi agujero, la ausencia raíz de mi existencia. Esa ouvrertura se vuelve patente cuando pienso que cierta vez no estuve en el mundo, y que un día ya no estaré.
Filosofía es la oferta de un saber absoluto; sin embargo, por virtud o desgracia, se trata siempre de un amor que ignora; filo-amor / sofía-sabiduría, y justamente por eso, se modela a sí misma como búsqueda de hocico husmeante, como pregunta que habla y habla sobre la nada, la ciñe, dona cuerpos y se despliega. No está formulada para ser respondida, aunque deba formularse. No hay respuesta posible, sólo aparente. (La enunciación suele adoptar la morfología de una respuesta, y se tematiza según las épocas.)
¿Dónde está el hombre moderno? En el mundo…
Quien cerró el signo de pregunta no quiere saber de nadas.
Ocurre ahí (cuando un quien clausura la dilatación del sentido mediante un signo de pregunta) que una respuesta puede transformarse en un tema de moda y compartirse con otros. Mas en esos juegos del corporizarse, los hemibobos son sencillas almas ingregarias bordeando sus propios agujeros, tocados por la pregunta (la única cierta) e incapaces de conservarla abierta, pues la pregunta es una lesión aguda, difícil de mantener en carne viva. Cuando la pregunta hace ostentaciones de respuesta (encuentro con el sentido) nace alguna disciplina colectiva y epocal, pero aunque así se la llame, no podríamos asegurar realmente que se trate de una filosofía.
En el rozamiento inacabado de la pregunta busco saber lo que soy, y hasta puedo elaborar un sistema; pero lo que soy reverbera en el eco de un siendo momentáneamente en algo, un sobrante, una rebaba, todo lo que podría ser antes y después de esto que soy, un silbido tenue en el crepúsculo.
Seré útil al mundo, es indudable, nadie puede caminar por donde yo camino; pero deberé enfrentar la pregunta sobre mi propia muerte, haga lo que haga, viva como viva, así se han dado las cosas, es mi condición, mi destino.
_______________________
(1) De mi libro: Undergrone. Editorial el gran FEDERICO. 2006
4.7.09
19.6.09
Cuando la mente abraza a un caballo

Muy pronto, organizado por el gran FEDERICO, se realizará en la Ciudad de Córdoba un encuentro digestivo cuyo principal argumento será el intercambio de experiencias intelectuales a partir de la lectura de textos y la exhibición de fotografías, diseños gráficos, videos y música.
Si querés saber de qué se trata, bajá la presentación haciendo clik aquí.
15.6.09
7.6.09
o del fracaso de la geometría

El amor es una viscosidad abstracta fluyendo en lo interior/exterior de un toro, lo uno y lo otro se intrincan para dar lugar al acaso; sujeto y objeto se inciden para patentar un tal vez.
“La palabra toro deriva del vocablo latino torus, que significa bulto, volumen o tamaño de una cosa, elevación de una superficie causada por una protuberancia”.
El toro posee cuatro vacíos en su disposición confusa, un borde envolvente le otorga una morfología semejante a la de un neumático, un dónut, una rosquilla.
El toro se constituye por un cruce artificioso de circunsferencias. El amor enrosca sustancias en forma de espiral, hacia adelante, que va por afuera, que va por adentro.
El amor es un volumen tridimensional taurino de circulación, nádico por fuera, nádico por dentro, un borde muy frágil donde dos delegados de otra cosa se mezclan para desaparecerse en un adentro-afuera de superficies.
6.6.09
Las expresiones artísticas actuales han renunciado a la creación estética de objetos estáticos a cambio acumular experiencias errabundas, herméticas y extáticas, concientes quizás de la caducidad impresa en el origen y destino de las mercancías, fragmentos descartables que viven bajo las matemáticas de un código de biobarras y de una fecha de vencimiento.¿Podrá el arte hiperhoy captar la velocidad de los acontecimientos cotidianos, de las sucesiones? ¿Podrán los cuerpos resistir un mundo en sobremovimiento, en ultradevenir?
5.6.09

Hay momentos en que pretendo que cierta epidermis separe los paisajes según adjetivos o verbos brotados de mí de todos aquellos venidos de quién sabe quién. Pero al rato me revelo penetrando la interioridad hipotética de vecinos a los cuales les supongo todo tipo de iniquidades.
Finalmente, algo me dice que el mundo humano de los signos es una masa atópica sin adentro ni afuera, apenas logro experimentar un pulso desde un estómago, algo muy elemental.
El nudo borromeo es un modelo a inflador con un rodado a la medida de mi egolatría.
4.6.09

Los verduleros resolvieron el drama ontológico, a nada permanecen atados salvo a su inmadurez para pertenecerse. Hay algo en ellos de ese verde flexible de la juventud interminable, algo de lo perecedero apurando una cola de espectros hasta la esquina.
No descansan, no duermen, trabajan sábados, domingos y feriados, siempre con cara de coliflor y una practicidad formidable para las hortalizas, cortando repollos en una tabla cincelada con cicatrices, sobre el ángulo veloz de un serrucho con forma de hocino, de lobo, jugando a la conciencia inefable de la caducidad, lustrando manzanas mientras todo pasa.
Verdulero fue el viejo vetusto que en sus ratos libres era barquero, navegante prosaico de la grieta que separa la vida de la muerte, capaz de aliviar el transito solitario de los últimos días, de anestesiarnos con un simple “dos pesitos”.
Las mandarinas son tan dulces que duelen, mis manos esconden uvas, mi corazón un tomate, mi mente es una naranja de ombligo.
1.6.09
30.5.09
28.5.09
27.5.09

25.5.09
Todos llevamos dentro un enano taxista, superfacho modelo ´76, joya nunca deportivo, siempre por deporte. La sociedad se expresa cada día más fragmentada, las mentes se contruyen como un master planned de barrios privados. El otro, el semejante, se vuelve lejano, y por tanto peligroso. Más crece el miedo, más crece la diferencia, más crece la diferencia, más crece el odio, más crece el odio, más la sensación de inseguridad, bendito sigue el impulso de matar.Busco grandes pulmones públicos, espacios de intercambios, acercamientos y tolerancias. Cultura en la diversidad. Más me acerco, más te amo. El espejo es esa cara reversible de la cercanía y la distancia, de la construcción y de la autodestrucción. No hay volumen en el reflejo, pululan existencias con interioridad de monitores planos, planos infinitos, sin profundidad. Miles de experiencias a gran velocidad, ninguna realmente transformadora.
El otro nos talla el desafío, el de saber por qué debemos ser 2, 3, 4... o nada.
23.5.09
La lata que no quiere su petardo

Cuidad de Córdoba, Argentina, un lugar desesperante, culturalmente aplanado.
Alguien me dijo una vez que siempre está como a punto de estallar, pero nada.
Córdoba es una tierra de zombis sin búsquedas, de muertos vivos, sin hambre de cerebros. Las experiencias nos han sido negadas, Córdoba es un mundo sin cuerpos, en franca decadencia, en llana desaparición.
Un halo de inanición moral adormece las peatonales, miles de caritas con rasgos de licuadora recorren las vidrieras buscando alimento en forma de mercancía, somos una mercancía que no perece, que no se cansa de perecer.
Hay amos de la verdad en todas las esquinas, yo mismo soy un detentor agobiado, cambiaría mi reino de inventos por el trozo de una. Hay dueños de los diarios y de las paradas, flotan rechonchos en la bruma, se pavonean en la mediocridad y la creencia.
La gente se reúne para jactarse, para llevarse un sellito sin vaciar los bolsillos, para reconocerse juntos y diferentes, para autoafirmarse, para lamerse los pulgares. Córdoba la gesta de los marranos, pocos experimentos, y mucho cinismo.
Amanece algunas veces.
Chocan autitos
y crecen gordas clásicas en Olavarría.
13.5.09
Sin manos que alcancen para taparlos
De pecho, en el aire, flotando
En el espacio entre las células
Entre los poros de la materia
Sólo un vértice
Buscando superficies
Me ensaño, giro, salto en largo
El piso se desmorona con cada intento
Soy una coordenada, una punta de flecha, un punto y seguido
Un rincón agudo
El codo lacerado en un juego de inventos
27.4.09
Un libro es un cuadrilátero actual de agonía. En tierras dominadas por una vanidad extrema y una autosuficiencia extremista, pocas son las almas que aceptan un duelo dialéctico [una lucha con palabras] sino a condición de asegurarse la eterna ausencia de su adversario, la inmunidad de sus creencias. El libro es la circunstancia concebida a ese servicio, el guante blanco y urgente del desafío. El escritor es el lugar oscuro y abandonado, abierto a las intenciones y pretensiones de lectores de las más diversas calañas. Publicar tiene algo de autolaceración.
Hay ceniceros con labios tristes, secos, quebradizos. Yo tenía un cenicero cuya boca no podía cerrarse. Era más bien abierta, franca, occipital, y se sabía occipital. En ocasiones, hay que decirlo, hacía suya la identidad de un cangrejo sodomita y disciplinado, de ano violeta y disponible, con aires de verruga en velada viscosa. Cierta vez le di una patada, una patada bien potente, bien en serio. Desde entonces vaga despojado por el cosmos de las partículas, por el patio de los fibromas, esperando, seguramente, que me bata el remordimiento.
Señora voz, se trata de lecturas de Heidegger que estuvimos conversando, Usted inquietada por algo que piensa en la dimensión de una sustración y que encuentra en ciertos tratamientos de la negatividad, ya en Hegel, ya en Freud, ya en Lacan y sus nudos. Yo en la conciencia, la muerte y Dios, que también encuentro en las reflexiones sobre la negatividad en Heidegger, pero que articulo a lo que llamo “punto de succión” (“succión” en vez de “succionado” o “succionador”, “succionando” o “por succionar”) y mis topologías sobre la muerte súbita o rulo respiratorio.
Su insistencia, un tanto espiralada, debe reconocerlo, intentaba dar cuenta de la espacialidad de Dasein, que hemos de entender ya no en su vieja traducción de ser-ahí, sino en el marco de un ser-el-ahí. Por este camino, Heidegger, según Usted, cree que la negatividad es fundamento del Dasein, pero lo que no me queda muy claro es qué ocasiona el arrojarse del ser a la entificación del Dasein, qué lo pulsa en el ser un arrojarse al ahí como lugarteniente de la nada. No encuentro el punto (ni en Freud, ni en Lacan, que sería un Heidegeer más católico... algo pulsa, pero... por qué debería pulsar, por qué no quedar mamífero, por qué, en vez del deceso biológico, la consumación en la experiencia de la muerte), muchos menos si la estructura del Dasein (o espacialidad para ser menos setentista), eso que llamamos ser-el-ahí, es circunstancia de una alteridad, de un lazo que no es más que otra dimensión del ser ya tendiente a su proyecto de lenguaje hacia la muerte... o qué se yo.
Algo pulsa hacia la nada mientras intenta trazar en lo simbólico, es indudable, pero... ahí me pierdo...
Como se dará cuenta, esto fue una conversación de locos, y fue peor que este sencillo, directo y claro relato. Usted es una sabiondo que me hizo pensar nuevas cosas y leer nuevos recorridos, y quiero pasarle un par de datos sobre un libro de Agamben sobre el Lenguaje y la Muerte, recorrido que parte de hegel pero que encuentra en hegel la no posibilidad de pensar sin hegel.
Yo-tú-él-nosotros-vosotros-ellos-aquí-allí-acá-ahí-allá-lo-esto-eso-aquello-asi-asa-sí-para-sí-de-sí-etc…
El ser negativo que es lo que no es y no es lo que es, el lugar-teniente de la nada.
25.4.09
11.4.09
Historia de una crucifixión erótica

Un ser con el pene erecto veinticuatro horas al día, una vida como relato de las trasgresiones de lo socialmente prohibido, pornografía existencial en una danza pélvica de reflexión filosófica.
9.4.09



14.3.09

Sobrevalorar el presente es la forma social más difundida, deseada y aceptada de la modernidad. Desde mediados del siglo XVIII la cerradura social fue proyectando su haz de luz dentro del perímetro definido por la virtualidad del presente.

El capitalismo, con sus rebaños de consumo, se orienta cada vez más hacia la importancia y fugacidad del aquí y ahora. Las cosas, los objetos, la tabla periódica de los elementos, las palabras… todas están hechas para no durar, para ser nacimiento y decadencia en un mismo y único acto.

Lo imposible es aferrarse a los objetos o acontecimientos. El pasado es un presente en permanente olvido, el futuro esa sombra hacia la que resulta en vano desplazarse. Los bordes del presente rodean algunos abismos de sucesos inexistentes.

El mercado elabora objetos que están destinados a no permanecer, apropiarse es la lucha por negar la negación misma, la muerte de las cosas.

La movilidad del pasado y la desaparición del futuro vuelven trascendente la inmanencia del ocurrir hoy, potencia y acto se solidifican para dar lugar al “ahora”, al “ya”.

El presente es un velo del devenir y la temporalidad. Sólo en cierta experiencia espacial de la temporalidad podríamos sentir la verdad de lo que somos. Hacer líquido el presente parece una forma de obstruir, en la angustia y la desesperación, la prolongación de la vida. Pero puede comprenderse, es parte de esta sabiduría ágrafa que llamamos capitalismo: la vejez aterroriza, la mercancia deberá ser joven, o será nada.

Si la mercancia está destinada a caducar en breve lapso (y en esto incluimos cierta objetivación del hombre como ser viviente, que trabaja y habla) ¿Podríamos decir que los organismos que consumen (en términos de mercado) están impelidos a permanecer?
La búsqueda encarnizada de la longevidad ¿es un intento por prorrogar las opciones de consumo? No se prolonga la vida, se prolonga la juventud, el fragmento.
2.3.09
1.3.09
24.2.09
22.2.09
20.2.09
Pero no apelamos a la exposición de imágenes huecas, por el contrario, se trata de un juego de espejos donde el cuerpo (más vascular que nunca) puede localizarse en el no-lugar de la indefinición. Es así como sucede que las múltiples deformaciones podrían convertirse en un profundo tajo sobre la piel de una época.
La retórica óptica busca (más nunca alcanza) el estatuto de una genealogía de los cuerpos dóciles, al denunciar, mediante las trampas de las perspectivas (esfuerzo del ojo-pensamiento en el encuentro sujeto-objeto), el histórico combate por la verdad de lo que somos.


Se trata de dar un rodeo morfológico con la intención de evitar una perspectiva estereotipada o usual, utilizando para ello ángulos o filtros que la evocan sin exponerla de forma expresa o directa.
Es un mecanismo frecuente en las prácticas de atenuación, en la ironía y en el eufemismo, y está vinculado a la oculus definitio.
En la retórica, universo de figuras literarias, el perifocus es equivalente a la perífrasis:
El techo del mundo = la cumbre del Aconcagua
El rey de los animales = el león
La materia que sirve para calcular los ángulos = la trigonometría
Dio su último suspiro = murió
Le falta un golpe de horno = está loco
No pocos = muchos
Le falta un tío en la foto = es un tonto
El Supremo hacedor = Dios
El abajo firmante = nombre propio.
18.2.09
Deformaciones espirituales reversibles producidas mediante procedimientos ópticos o matemáticos cuyas densidades dependen del espesor psíquico.



Muchas veces las perspectivas proponen deformaciones que se incardinan en una política de los cuerpos anamorfoseados. El acto mismo de deformar puede reclamar entonces su estatuto de canto a las prácticas de libertad.
10.2.09
La crisis es una hembra en celo
Te chupa como una vagina desdentada, humeda, profunda
Te quedás como atrapado, calentito y pegoteado
Es difícil salir, moverte, te patinas como en un tobogán hacia el útero
Más te movés, más te hundís, como en las arenas movedizas
Si tocás el fondo te parasitás en la mierda
Terminás comiendo mierda y hasta te gusta.
8.2.09

Sujeto es una derivación del medieval subiectum y obiectum. En principio, el término subiectum es utilizado para traducir el hypokéimenon griego de Aristóteles, como afirman muchos lenguados: en el sentido de lo que “está puesto por debajo”, el sustrato subrepticio siempre en suspenso, sustancia que permanece inconmovible ante lo conmovible, ante lo que cambia. Subiectum es el sujeto de los enunciados y por lógica, no tiene un objeto como correlato o filiación, puesto que su enunciación formal es del tipo lógico o metafísico.
Con Descartes, el sujeto se eleva al “yo pienso”, reflexión humana, punto de partida de toda razón y todo conocimiento, instalando de ese modo una distinción entre sujeto que conoce y objeto conocido. Más adelante, con Kant, esta distinción se mitiga, aunque la crítica no logra calar lo suficientemente hondo, pues, si bien este “sujeto que piensa” sólo puede conocerse a sí mismo como objeto empírico (fenómeno) y no como “yo último” o “cosa en sí”, es “por cobardía” llevado a su condición de “ yo trascendental”.
Pero este yo (de la trascendencia) que no puede ser conocido, sino afirmado o pensado a priori, es la condición necesaria de todo acto de conciencia, como diría el enciclopédico: “hace posible toda experiencia en cuanto él mismo constituye toda condición (lógica) a priori de la experiencia; ésta es construcción del sujeto, y hay objetos porque hay sujeto y hay sujeto porque hay objeto”.
Saltando la valla del idealismo alemán que coloca al sujeto como instancia creadora y constituyente del mundo de los objetos, incluso al monje Berkeley con sus principios del conocimiento humano, llegamos a Nietzsche para decir que es él, o su metáfora social, quien asesta en el corazón mismo de la vanidad occidental. Es el nihilismo el relato de la historia de los dos últimos siglos; la muerte de Dios, una circunstancia que lo desplaza del centro del sistema filosófico, dejándonos sin verdades ultraterrenas, y sin garantes de las experiencias humanas, salvo nosotros mismos.
Pero aún no alcanza, pues tras la muerte de Dios lo que restó es un simple acto de iconoclasia, pues ahora el hombre es quien ocupará ese trono. Asistimos enseguida a lo que podríamos denominar la teologización del hombre. El hombre de la antropología y el humanismo es una vez más, con sus matices históricos y contextuales, la medida de todas las cosas, el despliegue que da razones al mundo, que dice en qué dioses debemos creer, que pasturas habremos de comer y que sentido deberemos asignar a los actos de libertad.
Son las lecturas de Nietzsche y algunos lectores de Nietzsche las que abren a la posibilidad de un sujeto débil, ya no aquello que constituye el mundo o es la matriz de todo conocimiento y experiencia, sino el pliegue de un conjunto de condiciones que le pre-existen, magma de voces que le anteceden. En ese mundo el sujeto puede asociarse más que a subjeto o sustancia, a sujetado: sujetado a sus miserables condiciones (históricas, culturales, familiares, de lenguaje, etc.).
El ser de ese sujeto no sería un telón de fondo de las cosas mundanas, una sustancia permanente tras las apariencias del mundo, a contramano, el ser de ese sujeto sería una abertura, una grieta hacia las filtraciones.
Si como dice Foucault: pensar es poner en juego el sujeto y el objeto es todas las relaciones posibles (posibles en los perspectivismos de la historia), entonces el ser de lo que no somos (a-morfología) puede expresarse como vía que incita a traducirnos de lo conocido a lo desconocido, a la posibilidad de torcer nuestras largas condiciones de su(b)jetividad, tarea siempre en movimiento. Y qué otra cosa es el nihilismo sino esa constante tensión hacia la nada.
Escribe Nietzsche (en 1995) en sus fragmentos póstumos:
Mis hipótesis:
el sujeto como multiplicidad,
el dolor como algo intelectual y dependiente del juicio
“perjudicial”: como algo proyectado,
el efecto, siempre “inconsciente”: la “causa” inferida y
representada es proyectada, sigue en el tiempo,
el placer es una especie de dolor,
la única fuerza que hay es de igual especie que la de la
voluntad: un mandar a otros sujetos, que a
continuación se modifican,
la constante transitoriedad y fugacidad del sujeto,
“alma mortal”,
el número como forma perspectivista.
Ahora bien, sería importante evitar nuevos consuelos, pues el Dios acribillado / Hombre débil parece ahora la fórmula de una nueva iconoclasia, acto que coloca lo inconciente como aquello que debe ser revelado. Y es muy claro que hablar de lo inconciente ya no es sólo y simplemente hablar de Freud (o Lacan, o el Psicoanálisis), hablar de lo inconciente podría ser incluso hablar de una experiencia histórica de lo inconciente que, en occidente, se traslada amistosamente hasta la experiencia griega del daimon, o la experiencia demoníaca de la inquisición… Así, ¿podría tensionarse lo que hoy ya parece una llamativa teologización de lo inconciente?
Quizás debamos plantear un nuevo retorno a Nietzsche, el eterno retorno de lo inactual.
______________________________
Ilustración de Pini Arpino (de su gentileza, 2008)
31.1.09

Papando moscas, así vivimos, con la boca abierta de par en par, esperando a que los apetitos revienten mientras los objetos entran, de alguna manera, por azar o porque sí, porque están elaborados especialmente para entrar.
Millones de seres humanos extenuados frente a los televisores, con las mandíbulas abiertas de molar a molar, tragando espectáculos agitados y diversiones efímeras: allí las guerras ocurren en unas cuantas horas, con litros de plasma pero sin cadáveres desparramados, al menos no en las cantidades televisadas.
Millones de seres humanos con el acceso amplio, babeándose, embelesados de ojos hacia el interior de las vidrieras (la fascinación pulsa pero captura). Las bocas son hermosas cuevas donde acomodar baratijas. Nadie mastica, las cosas ya no transforman, no embellecen, no insuflan el alma; el agua ya no refresca, ni las manzanas vitalizan.
En un mundo cautivado por la imagen, extrañamente, lo que nunca sobra es el borde: piel que se vende en trifulcas callejeras y entretenimientos amarillos donde la gente se mutila, se golpea, se abusa.
Papando, comiendo, devorando, engullendo mierda, siquiera la mierda nos tornara marrones; pero no, todo entra por hipnotismo y sale por diarrea, los cuerpos son tuberías sin codos, sin plomos.
¿Y si estuviéramos inexorablemente predestinados? ¿Y si los actos, las elecciones, las experiencias humanas se encontraran cifradas en alguna tabla periódica? La simpatía por los números llegaría al cielo, el arte radicaría en descubrir y registrar las infinitas combinaciones, dejaríamos de creer en el azar para empezar a creer en sus caprichos. Un compendio semejante abriría ante nuestros ojos ese mundo glaciar que intentamos captar insistentemente mediante la probabilidad. Sin embargo, al menos parece un excelente consuelo, azar y probabilidad no son harinas que deban mezclarse en el mismo bizcochuelo. Mi abuela, mientras cocía bizcochuelo, solía preguntarme: “¿Vienes aquí porque me quieres o porque te traen?” Al igual que la estupidez, yo siempre respondía con la verdad. Mi abuela no era de escuchar mucho a sus nietos, era más bien de castigarlos, de arrodillarlos sobre el maíz para que aprendieran tempranamente que la vida es dolor. Mi abuela padecía con resignación su andar vacilante, a veces lo entorpecía, obstinada, con la furia de un látigo. Fracasó. Murió el mes pasado con 87 años espurios, un ataque fulminante la dejó con la nariz y los pezones violáceos; de chico yo siempre le miraba las tetas. Supe así que sus plantas, su biblioteca y sus hijos jamás serían la abuela, ella está bien enterradita, ella y su conciencia, como era de esperar.
Cuando era chico mamá organizaba reuniones de Tupperware en el living de casa, se reunía con amigas a la hora en que papá roncaba como un sapo. La mayor parte del día papá roncaba como un sapo, el médico le había diagnosticado un género muy atípico de apnea moral, dolencia del ánimo que incide de forma directa sobre la voluntad, degradando el temperamento y languideciendo notablemente el cuerpo, dejando al enfermo en franco estado de palidez espiritual. Roncaba, cada minuto de su vida roncaba, con los ojos abiertos, cerrados, de pie, de rodillas, cuando se acostaba y cuando hablaba; roncaba, esa era toda su sabiduría. A veces también me llevaba de la abuela, a pedido de mamá, para que no molestara, pero nunca hablaba, sólo caminaba, solía estirar su mano tenue para que yo la abrazara, pero jamás sonreía.
De esas siestas en casa de la abuela recojo la mayor parte de mis recuerdos de infancia, sentado siempre frente a la biblioteca, en el escritorio de cedro del abuelo Enrique, entre el polvo que se adhiere a la madera y típica la sensación necrofílica que producen los papeles apilados durante décadas, las letras cadavéricas. La abuela me sentaba de prepo junto a cientos de libros ordenados en hileras perfectas, de mayor a menor, en la disciplina más desesperante.
El abuelo Enrique falleció cuando yo tenía 6 meses. Mamá dice que era un hombre guapo y rigurosamente culto, elegante, calvo, de gesto reservado, con mi nariz y mi ceño, siete cualidades que dejó como herencia después del infarto. A los cincuenta años un disgusto lo postró para siempre, desde entonces su trono se transformó en una silla de ruedas. No hablaba, no caminaba, respiraba apenas, tosía flema y se orinaba encima. La abuela lo despreciaba abiertamente, no toleraba su terca invalidez. El tío Raúl, que por aquellas épocas se hospedaba en la casa, reveló que la abuela lo sacaba todos los días al patio para arrojarle agua fría con una palangana, como si quisiera baldearlo. Lo golpeaba en la cabeza, lo zamarreaba, lo humillaba verbalmente delante de los sirvientes: “viejo cochino”, rezongaba enfurecida, tironeando con fibra desde sus pantalones meados.
Esos rencores súbitos y enérgicos la declaraban un ser de impoluta dignidad, pues a pesar de la congoja que avivaba en los demás miembros de la familia, ella era lo único capaz de mantenernos enlazados. El universo filial se organizaba a los pies de la anciana, como si la vida de cada quien debiera, por algún oscuro propósito, girar en torno de sus creencias. Y lo lograba admirablemente; ya para resistirla, ya para apartarla a los manotazos, su influencia moral valía como espejo viviente de cuánto éramos capaces.
Bajo sus dominios, yo estaba obligado a mantener la mirada fija sobre un libro abierto, del cual no podía despegarme salvo que me lo indicara, amnistía que coincidía regularmente con la hora de tomar la leche. Durante ese período no tenía más remedio que entregarme a la lectura, o recluirme en mis propias fantasías, lo más atractivo según el caso.
Después de algunos años de persistente aislamiento los libros se habían vuelto mis únicos amigos. Asomado al antiguo escritorio del abuelo Enrique aprendí a refugiarme en un cosmos de aventuras y sueños, fraguado por miles de historias literarias. Hoy comprendo que mi precocidad intelectual no era más que un truco para elidir la realidad tal y como se me presentaba. Mi lúdica inventiva resultaba una armadura medieval que me protegía del horror como de una lanza. Sin dramatismo ni escándalo, hoy puedo confesar que a los siete años una empleada decidió jugar conmigo en el baño de casa, y lo hizo durante un tiempo considerable, siquiera recuerdo un malestar inubicable y el color amarillo de los azulejos. La echaron, pero jamás se habló del tema, al menos en mi presencia. Si estaba fuera de casa algo me hacía regresar, si estaba en casa mamá me pegaba, no había día en que no me diera una paliza: cables, uñas, palos, puños, ramas… cualquier utensilio de mano servía para dejar correr por mi cuerpo su violencia espontánea, poco importaba la justeza de los hechos, se trataba de arrebatos incontrolables que descargaba brutalmente sobre mí; pero luego del embate se culpabilizaba, también lloraba.
A los 10 años unos niños del barrio intentaron martirizarme con el rumor de una supuesta adopción. “Todos en el barrio ya lo saben”, se burlaron, “tu verdaderos padres te vendieron antes de nacer. Eras una molestia. Tu mamá sólo quería deshacerse del problema”.
Corrí desesperado al amparo de la abuela, que sin inmutarse me ratificó las habladurías, aprovechó incluso para asegurarme: “si no fuera por el infeliz de tu padre -no mi verdadero padre sino su hijo- jamás hubiese permitido que entraras en mi casa”, aunque no era extraño que me cerrara la puerta de vez en cuando. Yo prefería esperar en la vereda, sentado en el murito, cualquier cosa era mejor que retornar al golpeadero. Me sentía desolado, ahora lo interpreto así, en aquel momento no sabía ni donde tenía la nariz, más ansioso por meterme en un nuevo libro que por analizar los avatares de mi vida.
Hoy comprendo que así sucedieron las cosas y no podrían haber sucedido de otra manera: vivir en los libros o refugiarme en invenciones alocadas, pero lejos de la verdad.
Después de las lecturas la abuela me tomaba lección, lo importante era memorizar el nombre del autor, el título del libro y dos o tres frases ampulosas; aunque nunca las entendíamos, se trataba fundamentalmente de ejercitar la mente, de elastizarla, de prepararla para los largos años de educación pupilar que me aguardaban al concluir la escuela primaria.
Al costado del camino algo parecía conmoverla, pues a pesar de ser un retoño ilegítimo, dedicaba esfuerzo sincero a planificar mi porvenir: rendiría un examen de ingreso a la Secundaria Savonarola en Wilde, donde después de cinco años de triple escolaridad recibiría el título de Bachiller con orientación humanista. Luego directo a la Universidad de Buenos Aires, a cursar estudios en Derecho y Ciencias Sociales.
Frente a la inflexibilidad de tamaña empresa nada quería menos que enojar a la abuela, un berrinche podía costarme varias horas arrodillado sobre un felpudo con olor a zaino, rezando el rosario o repitiendo hasta desfallecer los misterios dolorosos y gozosos de la fe cristiana…
Lava, Señor, mi alma, ya pesarosa,
Con los hilos de sangre de tu corona.
Alcánzanos, oh Madre, que esas espinas
Saquen de nuestros ojos lágrimas vivas.
Felpudo y oración eran instrumentos de persuasión que la abuela colocaba a la vista de su mecedora, cerquita del estrado donde pasaba horas tejiendo un acolchado que jamás terminaba, tejía y destejía como Penélope del Paraguay, murmurando cantinelas en guaraní, riendo a espaldas del condenado, aguardando paciente a que el tormento quebrara mi vanidad, mi ilusión de libertad. Cuando se trataba de educar a sus nietos, la abuela jamás subestimaba la potencia del tiempo, eso era ella, una letal intuición.
Las circunstancias empezaron a cambiar para mí después de aquel concurso de escritura teatral para alumnos de primaria, la obra ganadora se iba a representar en las Fiestas dominicales para familiares y amigos que organizaba la Municipalidad de Lanús en el Salón de Actos del Colegio Luis Piedra Buena, a veintitrés cuadras de casa.
Cegado por la promesa de un premio que traería gloria y muy seguramente el amor de la abuela, me senté por primera vez al otro lado de los libros, tembloroso y montaraz, empecinado en conquistar el maravilloso reino de las musas. Mi primera obra de teatro, a mis juveniles doce años, llevó por título: La pediculosis. Breve historia de un piojo que una mañana despertó convertido en humano.
En noches solitarias aún martilla en mi cabeza la risa estrepitosa de esa maestra sin corazón. Parece que un tal Kafka ya había escrito una historia similar, salvo por la extravagante ocurrencia de metamorfosear, a diferencia de mi magnífica obra, un hombre mediocre en cucaracha.
“¡Copión!” −lloré desconsolado. Pero si en lo único en que pensaba era en romperle la cara a ese imbécil de Kafka. Estaba embravecido, seguro era algún chupamedias del Sexto D que me había escuchado hablar con la portera durante el recreo. No exagero, lo esperé a la salida durante meses. Pero nunca apareció, el muy infame.
De todas formas ni Kafka ni yo ganamos aquel concurso. Lo ganó una cuatrojos del Séptimo A. La Obra se llamaba: La granja del Abuelo. Se presentó efectivamente en las Fiestas dominicales para familiares y amigos que organizaba la Municipalidad de Lanús en el Salón de Actos del Colegio Luis Piedra Buena, y yo terminé haciendo de abejita.
La abuela estaba tan decepcionada… pero no me azotó, quizás porque no valía la pena. Todos sus esfuerzos se veían ahora desbaratados por mi causa, por mi esterilidad, aunque en el fondo, supongo que eso creía, el suceso ratificaba mi condición de bastardo, “la verdad siempre triunfa” −aseguraba−, aunque nos empecinemos. No me reprendió, horrible hastío, supongo que un buen cachetazo hubiera producido un continente. Sólo profirió tres palabra lapidarias: “Jesús, Jesús, Jesús”, y ya no supe qué hacer con mis orejas.
No me lamenté, al menos no en ese momento, el proyecto educativo de la abuela forzaba un lazo fallido: lo que la sangre no unió nada puede hacerlo.
Sin desearlo, quizás, la maestra me había liberado, yo era el parásito, la escuela el antipiojicida, ahora lo veo con cierta lucidez.
El piojo, mientras puebla su mundo capilar con liendres coloridas y explosivas, adopta una vida libertina y libertaria. En su marcha despojada de bienes materiales transita los pelos del hombre haciendo gala de un voluntarismo estético admirable, provocando al más limpito. El piojo no respeta tradiciones, proyectos familiares, clases sociales, destinos, vestidos de novias ni actos civiles. El piojo sólo encuentra una razón para su existencia: hacer de su vida una obra de arte. El piojo, si vale la comparación, es el Diógenes de los insectos.
¿Y Kafka? ¡A quién se le ocurre! Convertir un tipo de ideas cortas en cucaracha como metáfora del hombre que se siente perdido, abatido, moribundo. Mamá decía que nuestro vecino era una cucaracha porque vivía amargado, durmiendo y tomando grapa… pero… ¿no es acaso la cucaracha el bichito más persistente? Cuántas veces las vemos resistir y hacerse inmunes frente al poder de los más feroces insecticidas. La abuela dedicaba horas a perfeccionar los venenos. A nadie le cabe mejor la frase que tanto repetía el tío Raúl: Lo que no me mata me hace más fuerte. La cucaracha es un ejemplo de fortaleza y de vida. El hombre debería imitar más seguido a ciertos insectos.
Y sí, al fin y al cabo eso explicaba tantas situaciones vergonzosas: las campanadas de arreo durante el recreo, la medalla al mejor compañero, las reuniones de padres, las largas filas que hacíamos para que la maestra nos revisara la cabeza con lapiceras, buscando liendres, pero también ideas.
Mi inaceptable ineptitud cambió definitivamente el destino de la familia, abriendo el mío. Tras la infame derrota los vínculos se rompieron súbitamente. En aquel momento no me pareció inteligente mencionar lo del plagio, sobre todo porque había perdido. Estaban consternados, no convenía arriesgarme, la abuela decía que las excusas apagan el genio. Además no iban a creerme, jamás creían en nada que no estuviese avalado por la maestra. Me acusarían de copión, o aún peor...
Nunca más visité las siestas de la abuela, ni la biblioteca del abuelo Enrique, ni el felpudo con olor a zaino, ni los libros, ni nada. Con el tiempo nos mudamos, bien lejos del barrio, aún más lejos de los recuerdos.
Mamá decidió no enviarme a un internado, papá no opinó, tampoco propuso algo diferente, apenas dejó escapar un visceral ronquido, y se quedó respirando el horizonte.
Hace unos días, mientras ordenaba papeles en el estudio, recibí una carta de la tía Franca:
La abuela murió el martes pasado, renuente a las despedidas pero pretenciosa hasta el último aliento. Sentada en la mecedora cerró sus ojos para siempre. Antes del final nos exigió que te enviáramos estas palabras, escritas en un papelito que extrajo del bolsillo de su eterno delantal para la limpieza. No sabemos de qué se trata, pero nos aseguró que entenderías.
Así concluyó el plan educativo de la abuela, su vital enseñanza. Estas líneas son las primeras que escribo desde entonces.
30.1.09
26.1.09

el fondo de las cosas
y en su reflejo
poros sin hondura

Vainement ton image arrive à ma rencontre
Et ne m'entre où je suis qui seulement la montre
Toi te tournant vers moi tu ne saurais trouver
Au mur de mon regard que ton ombre rêvée
Je suis ce malheureux comparable aun miroirs
Qui peuvent réfléchir mais ne peuvent pas voir
Comme eux mon oeil est vide et comme eux habité
De l'absence de toi qui fait sa cécite
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En vano llega tu imagen a mi encuentro
Y no me entra donde estoy quien sólo la muestro
Tú volviéndote hacia mí sólo encuentras
En la pared de mi mirada tu sombra soñada
Soy ese desdichado comparable a los espejos
Que pueden reflejar pero no pueden ver
Como ellos mi ojo está vacío y como ellos habitado
Por esa ausencia tuya que lo deja cegado
23.1.09
Por: Adam Chicles

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A los psicoanalistas, como a los adictos, les pasa algo similar, pero con el dinero.
Cuando un psicoanalista depende económicamente del dinero aportado por sus pacientes dicen que se nota, sólo hay que prestarles un poco de atención, y la razón es quizás el contacto y manipulación manual permanente que los psicoanalistas mantienen con los billetes.
Para el que no conoce de estas cuestiones, le contamos que los psicoanalistas, en casi todos los casos, cobran ellos mismos las consultas que reciben cuando finalizan. Al incorporarse del diván o sillón, el paciente es impelido, cada vez, a extraer la billetera y depositar en las manos de su analista un “valor” previamente estipulado. Si calculamos a un promedio 4 pacientes diarios de lunes a viernes, estamos hablando de 20 contactos semanales, esto en los casos menos severos.
Volviendo al tema del Alplax, supongamos que un sujeto lo consume de un modo intravenoso, pero no sólo eso, supongamos que no sabe que lo consume, digamos que se lo inyectan sin que se de cuenta; así, es harto probable que su nivel de dependencia resulte bastante menor que si es él mismo el que elige consumirlo, tocar la pastillita, abrir la boca, introducirla, tragarla, sintiéndose inseguro o enfermo cuando no las lleva en el pastillero.
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Texto publicado en www.cuatroc.blogspot.com Concisos, Conspicuos, Circunspectos y Circuncisos, el espacio donde se puede ver al Psicoanálisis sentado en el inodoro.
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Si es Psicoanalista, seguro que cada vez que pisa una peluquería basta que mencione su profesión para que el peluquero de turno empiece a bombardearlo con preguntas muy difíciles de responder.
Y sí. Usted está acostumbrado a otro tipo de cuestionamientos, su intelecto sólo es capaz de enredarse en interrogantes del tipo: ¿Qué relaciones pueden establecerse entre la litura de goce, el cuerpo de la letra y la transposición del erotismo anal?
Pero bueno, tampoco es conveniente hacerse el recalcitrante en la peluquería. En la peluquería uno está como indefenso, arrojado a la voluntad de un otro que conoce con certeza aquello de lo que gozamos: un flequillo como tenedor, una tintura demasiado fosforescente, un exceso en el largo del corte… el corte… usted me entiende.
Motivados por esta incómoda y habitual circunstancia, hemos decidido resumirle las preguntas más comunes dirigidas a Psicoanalistas, y por ello, más difíciles de responder.
Practique a diario, y conviértase en el Lacan de los Altos Shoppings
1. ¿Qué es el psicoanálisis?
2. ¿Para qué sirve?
3. ¿Los psicoanalistas dan consejos?
4. ¿Prometen la felicidad o ayudan a alcanzarla?
5. ¿Es verdad que los psicoanalistas tienen que tener su vida resuelta para resolver la de los demás?
6. ¿Cuándo se termina un psicoanálisis?
7. ¿Con qué criterio se pone el precio de una sesión?
8. ¿El psicoanálisis subleva a las personas o las ayuda a adaptarse al mundo tal cual es?
9. Si el psicoanalista ayuda al paciente a ser coherente con su deseo, el cual muchas veces no acepta. .. Entonces: ¿acompaña al paciente en decisiones como el aborto, el suicidio, el abandono del hogar, etc.?
10. ¿Por qué yo debería elegir hacer psicoanálisis y no una terapia breve?
11. ¿Qué le respondería Ud. a un paciente que dice que no quiere ir al psicoanalista porque le parece que hablar de su pasado es perder el tiempo y desviarse de lo que le pasa?
12. Para ser psicoanalista sabemos que no hace falta ser psicólogo ¿pero hace falta estar legitimado por alguna institución?
13. ¿Qué diferencia hay entre hablar de frente y el paso al diván?
14. Teniendo Argentina tantos analistas ¿por qué nos quejamos tanto, siempre estamos buscando culpables y repetimos históricamente los mismos errores?
15. Si el psicoanálisis ayuda a cortar con las grandes repeticiones de nuestras vidas ¿por qué seguimos yendo al psicoanalista?

Jorge inicia. Corsi en libertad
La Justicia le concedió la excarcelación, pero deberá pagar una fianza de 100.000 pesos. Está acusado de abuso sexual y corrupción de menores.
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Este texto fue compuesto para el mejor blog cordobés del 2008-9, a pedido de Iván Ferreyra el imprescindible. Le recomiendo visitar ese lugar: www.matemosajorge.blogspot.com. Allí podrá recorrer la comedia de nuestra divina cultura, todo a través de un nombre y sus encarnaciones. Cinco Quintines.
Durante la funcionalización de la justicia penal en el siglo XVII las ciencias psi fueron conquistando un terreno importante dentro de los poderes del Estado, esto en la misma medida en que la Justicia se mostraba incapaz de decidir un castigo adecuado para sus criminales, donde la vida como especie iba conquistando incluso un terreno sobre los individuos, pasando de los crímenes locales al control de la criminalidad (tema histórico y filosófico si los hay).
15.1.09
Todo lo comen, poco mastican. Engullen como la boa de Saint-Exupéry: sus mañas, sus prójimos, sus próximos, sus yoes, sus sometidos.
Hay seres que se dan por excesos, que habitan en los excesos. Tragan, tragan, tragan y tragan.
Cosas horribles les sobrevienen. Vidas desaforadas, a metadesborde. Con furia descontrolada, corpulenta, bizcochuelar; como si aprehendieran el tiempo desde la obesidad de los lugares. Todo en ellos es extralimitado, rollizo, pletórico, tormentoso.
¡No! No es tormento la palabra que mejor se amolda a sus budineras ginoides. Tormento es famélico; aunque se trate de tormentas, con diluvios acuosos.
Es más bien indigestión. Indigestión del ocurrir… ¡Empacho!
No hay sitio para valoraciones del modo: doloroso, terrible, malo, injusto. Son vidas sin interlineado, de gestos preñados, mofletudos, en un tiempo y espacio de carbohidratos.
Atracones de sucesos. Versos rechonchos. Comilonas de adjetivos. Panzadas de gentes…
Sin embargo, mal que les pese, son la denuncia de una extraña paradoja: quisieran la delgadez absoluta del tono muscular, un poema finito. Pero no. Son entidades demasiado piponas, demasiado Boteras.
14.1.09
Un iniciativa conceptual por la no-violencia
PRIMER ENVÍO
Lanzamiento de campaña

Una idea simple y directa. El mundo y sus realidades parece configurarse a partir de un lenguaje hecho de polaridades. Quizás siempre existan las guerras, y con ellas los movimientos pacifistas. La pulsión es la misma, sólo que a veces anda por el camino de la muerte, y otras por el camino de la vida.
En lo que hace al hippismo y la guerra, en épocas de tanto vintage, hay modas que deberían recuperarse.
Saberes históricos

De la misma manera que en el envío sobre el hippismo, se intenta poner a jugar el oposicionismo vigente en cuestiones de lenguaje. Un vulgar silogismo: si el sistema de la lengua se da por oposición de significantes; si la lengua es el asiento de la realidad, entonces la realidad no puede darse de otra manera que por oposicionismo. La negación de lo diferente, la lucha de clases, la imagen eroto-agresiva del otro con la cual nos constituimos como seres humanos, son todas conceptualizaciones aún vigentes en la historia del pensamiento.
Más acá, atendiendo a estrategias bélicas genocidas, diríamos que la exterminación de mujeres y niños es una práctiva histórica y bien heredada. Los turcos la usaron con los armenios, los alemanes con los judios, los chinos con sus propias generaciones, etc...
Finalmente, en la historia, el margen se hace centro y el centro se hace margen, el que estaba arriba luego está abajo, el sometido se convierte en verdugo, el niño abusado es muchas veces el adulto abusador. Pero esto lo dejamos para el concepto del siguiente envío, que expresa claramente esta idea.

La vida es un boomerang. El que a hierro mata, a hierro termina. Se dio vuelta la tortilla. Si escupes hacia arriba, la escupida te caerá en la cara. Tengo tiempo para sentarme a ver pasar el cadáver de mi enemigo. Soy dueño de las decisiones, pero no de sus consecuencias.Cosecharás tu siembra. El que las hace, las paga. La vida se cobrará revancha.
En el terreno individual, esta suerte de cambio de roles implica alternativamente a distintos entes concientes (en este sentido no habría repetición). Sin embargo, en el espacio de las especies, ahí donde sólo somos humanos sin singularidad, todo parece referir a un mismo e impiadoso proceso de equilibración (las interpretaciones de los hechos históricos podrían hacerse mediante el mismo modelo).
Por otra parte, para ponerse más axiológicos, el retorno de lo mismo hace de nuestras decisiones asuntos de eternidad. Somos inmortales, como nuestras decisiones. Si he de matar, eternamente he de matar, luego he de morir, eternamente he de morir. ¿Cómo resolver este doble vínculo?
CUARTO ENVÍO
Juego de niños

QUINTO ENVÍO
Evolución y Progreso

htt://www.arkheporlanoviolencia.blogspot.com
Encontrará detalles y debates sobre la campaña
14.12.08
VIVIR EN L’AUTRE SCÈNE.
Dice Michel Foucault en Lenguaje al Infinito: “Escribir para no morir (...) o tal vez incluso hablar para no morir es una tarea sin duda tan antigua como la palabra. Las decisiones más mortales, inevitablemente, permanecen suspendidas durante el tiempo de un relato (...) Es muy posible, como dice Homero, que los dioses hayan enviado las desgracias a los mortales para que puedan contarlas, y que en esta posibilidad la palabra encuentre su recurso infinito; es posible que la proximidad de la muerte, su gesto soberano, su resalto en la memoria de los hombres abran en el ser y en el presente el vacío a partir del cual y hacia el cual se habla”.
Dar cuenta de un conjunto de circunstancias a través de un escrito - en mi caso apenas un intento por contar la locura-, se convierte así en un asunto delegado, y con él, en una nueva ilusión para la conciencia: la liberación.
Esta obra, si se quiere, es el resultado de algunos años de trabajo y convivencia en L’autre Scène, lugar habitado (en las mañanas y en las medias tardes) por seres muy exclusivos (algunos se dicen locos, otros gordos, otros genios…); criaturas que desde un espacio paralelo han posibilitado la creación y recreación de cada uno de los personajes que el lector conocerá y reconocerá rápidamente en la breve Ubú Direktor.
E S P E C I E A
(Los Dis-positivistas)
E S P E C I E B
(Los Párvulos)
No pretendo con esto invitarlos al sitio de las lecturas imposibles: ni para hundir al que lee en el pantano de su mismidad, ni para desactivar las marcas inconfundibles del autor. Hay un texto, una obra con vida propia. En esa tela de sucesos el paisaje y el pincel no dejan de desaparecer.
Y es esta quizás la trampa fundamental de la presente exposición: ¿Puede el «autor» de un texto literario limitar, a partir de sus aclaraciones y comentarios, la proliferación cancerígena de significaciones? “Al escritor le está dado escribir la fábula, pero no su moraleja”, aseguraba Borges.
«Ubú Direktor es una de las cicatrices que cinceló en mí el trabajo con la Psicosis Infantil. A diferencia de iluminados de la talla de Marguerite Yourcenar, que recorrió las calles de la bella Roma buscando recuerdos que refresquen sus Memorias de Adriano. O de Michel Onfrey, que viajó hasta la mismísima Lisboa rastreando las huellas de un Pessoa que le regalaría la pócima del ensayo sublime. Su servidor, proyecto de escritor insistentemente precario y vulgar, no ha tenido la misma suerte, ni siquiera un propósito similar. Ubú Direktor es un trabajo que emerge después de iniciado el viaje, nunca antes. No ingresé a la Fundación Avenir buscando fábulas, mitos ni inspiración. Ubú Direktor es apenas la ficción y el recurso que salva mi vida. Lejos de sentirme un viajante a la pesca de signos maravillosos que aflojen la pluma, suelo comparar mi experiencia con la de un cronista de guerra».
Uno se adormece rápidamente ante los horrores holliwoodenses. Ataques, golpes, mutilaciones, gritos, llantos, heces y excrecencias procedentes de los lugares más variados acompañan la labor cotidiana en L’Autre Scène. Alcanza con mirar los rostros espantados de quienes ven o escuchan desde la ajenidad para caer en la cuenta hasta qué punto nos habituamos a semejantes acontecimientos. Pero el silencio que baña a los autistas es algo distinto, hueco de nada que aplasta y hace del tiempo una daga.
Sin embargo también hay encuentros. Cuando se producen saltamos sobre una larga mesa y nos agitamos como locos; cantamos al ritmo de Kusturica y nos ponemos nombres de guerra. Narramos viejas historias de templarios, castillos y dragones. Corremos hacia la puerta y armamos barricadas con adjetivos; inauguramos un motín, luchamos valientemente y resistimos a ese «Otro» invasivo y omnipresente. No siempre ganamos... pero la sensación es ciertamente diferente.
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13.12.08
¿Y si la muerte fuera una conciencia en la oscuridad?
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Si estoy la oscuridad imposibilitado de captar, entonces no puedo dirigirme al ser de lo que soy; por lo tanto, cerrado ya el camino hacia la consistencia de un propósito, y si el propósito es Dios, entonces mi hechura a semejanza ha sido disuelta, ya nada divino habita mí. Rota toda comunidad con Dios, el aparecer en el mundo es reducido a un espejismo de conciencia atormentada, pues es sólo un darse en la oscuridad y en el aburrimiento.
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(DADOS) BLANCOS
Tercera versión
Vivo, sustancia dinámica. Bolo orgánico pluscuamperfecto. Los objetos recrean el movimiento, mis sensaciones son claramente las del movimiento. Pero hay asomo, sueño, factum paralítico de lo cognocible, ficción de lo idéntico en la dinámica de lo inconmovible. Un dolor no aparente, la incomodidad.
Segunda Presunción
Hay orden. Las cosas se dibujan entre los pentagramas del mundo y los dedos de un pianista, entre el pensamiento exterior y la física de las yemas. Memorizar las notas, olvidarlas, abandonarse a la melodía.
El orden introduce en nuestras vidas un universo de probabilidades. El universo es Dios, un juego de dados, un cono geométrico compuesto de infinitos puntos incandescentes, calculables en sus mutuas determinaciones, un espacio de realizaciones probables, la inteligencia (Nous) del cosmos.
[Tirar los dados infinitamente y revelar con certeza matemática el número de la próxima tirada.]
Segunda Presunción
Muero, la finitud del existir es la más terrible de las evidencias, aunque el secreto radica en que siempre será una hipótesis, la muerte del semejante una precentificación, la conciencia trascendental un deseo de eternidad. ¿Hay un universo sin Dios, sin posibilidades de revés? Hay azar, insiste desde un no-sitio, incalculable, inapresable, subsistente; temor radical de la ciencia en las formas de una razón perfectible.
Reflexión escatológica
El azar es un dado blanco, liso, sólido, sin pecas. Los puntos dibujados sobre sus caras lo precipitan en el resumidero de una gramática bíblica, con todo y Apocalipsis, pues el espacio de las probabilidades es el espacio de los cumplimientos, del destino. Una mesa, un paño y la diacronía de las tiradas: tiempo y espacio siguen siendo condiciones de las experiencias de Dios, y de las nuestras.
[Tirar los dados infinitamente sin saber jamás cuál será el número de la próxima tirada.]
El azar es una abertura en las determinaciones que rigen los puntos en ese cono matemático que llamamos universo, cobertizo debajo del cual caminamos perecederos, y en esa chance: ¿Podríamos alterar la creación de Dios? ¿No es acaso Eva un puente genital hacia la trasgresión de ese cielo?
Si Dios juega a los dados, si Dios es los dados, si los dados juegan a los números, si los números juegan a las probabilidades, si las probabilidades son un destino, si Dios es todas las combinaciones y todos los finales, si Dios siempre gana, si el destino es paz y cielo, entonces, ¿es el azar aquello que llamamos infierno?
No hay nadie que jamás haya escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno (1)
Si Dios creó el universo debió trazar un proyecto, detentar un deseo, espejarse sobre la consideración de un otro, asumirse como entidad intencional, o inconciente. Así, ¿Resulta descabellado pensar que insistan en su tórax los fracasos de la creación, el dolor de una carencia? ¿Está Dios arrojado a la arritmia de un azar? ¿Dios sufre?
[Poco importa si Dios es honesto; lo patente es que ya no logra garantizarnos una certeza.]
Hipóstasis
Pero también puede suceder que Dios sea el azar, la abertura, la anomalía irracional en la incidencia de un periodo numérico imposible de matematizar, resto amorfo, atópico, un intento de trazo en lo simbólico, constante tironeo hacia la nada, hacia lo es que es (Soy lo que soy, lo inmutable, lo que no cesa de no inscribirse, lo…).
Aunque aceptar esta hipótesis implicaría para nosotros, desamparados y vulnerables, tener que ubicar a Dios en el agujero insustancial de un universo no-todo matematizable. De esta manera, Dios sería aquello que emana de las simbolizaciones, lo que resta, lo que escurre; entonces: ¿quién creo el universo del cual Dios es falta a la vez que producto? ¿Tiene Dios su propio inventor? ¿El inventor de Dios sufre?
Notas:
24.11.08
12.11.08

PENSABRUPTOS
Paseo en una ciudad urbanizada con recuerdos. A los 17 años abandoné por primera vez la obesidad, y el barrio, y los amigos que no fueron más que pibes sueltos con la fortuna de una alcantarilla. A los 18 hacía largas filas en el patio de la escuela. Ese año nombraron al gordo Biazoni flamante Vice Director. Nunca entendí bien por qué, pero se le había metido en la cabeza que el pelo no debía tocar el cuello de la camisa, y hasta nos dio un buen ejemplo con Lucas Fantino, el gringo pelilargo de Construcciones. Un día después, en la misma fila, Fantino se había cortado el pelo con la estrategia de una madre cómplice, ya no le tocaba el cuello de la camisa, aunque no dejaba de ser una arpillera rubia con forma de peinadito carré, un esperpento divino, un acto corajudo que inauguraba la resistencia al nuevo régimen. Ese día, el gordo Biazoni sonrió levemente frente a la mirada absorta del glorioso Industrial, aceptando la humillante derrota con temeridad de rinoceronte, seguro de las oportunidades que un ciclo escolar recién iniciado sería capaz de obsequiarle. En guerras declaradas abiertamente, el del rango lleva las de ganar, perder una batalla es por principio una contrariedad que sólo requiere de cordura, tiempo y paciencia. El gordo Biazoni era un milico perversamente inteligente, no declinaría ante la primera granada que le caía sobre la lengua. Lo cierto es que en seis meses se dio el gusto de expulsarlo; el gringo Fantino terminó la secundaria con los maricones del Nacional.
10.11.08
6.11.08
Ediciones Recovecos
Mención Especial, Premio Burnichón a la mejor edición del 2008
“…Si Bashō es el haiku
Totihichi es su herejía…”.
Es de noche, el poeta no razona, eyacula con verdadera excitación.
Le interesa un bledo lo que piensen los puristas del haiku, lo que hagan con sus traducciones, digan respecto a los cánones de su escritura o planeen hacer con sus futuros crucificados.
Es que no puede evitarlo, todas las noches visita piringundines de mala muerte con la pija durísima, se recuesta tímidamente sobre pechos ardorosos mientras la maquinaria pornográfica lo protege de
El problema al que se enfrenta el poeta no es cualquier problema. En cierto modo sabe que la experiencia artística no tiene un destino, no hay fórmulas (aunque las vendan), es simple otredad, no fatalidad. Y es preciso ser muy cobarde para retornar al salvador sentido, pues lo que cae del arte es la muerte, no el lenguaje.
(DADOS) BLANCOS
Segunda versión
Vivo. Hay orden. Las cosas se dibujan entre los pentagramas del mundo y los dedos de un pianista, entre el pensamiento exterior y la física de las yemas. Memorizar las notas, olvidarlas, abandonarse a la melodía.
El orden introduce en nuestras vidas un universo de probabilidades. El universo es Dios, un juego de dados, una campana geométrica compuesta de infinitos puntos, calculables en sus mutuas determinaciones, un espacio de realizaciones probables, la inteligencia (Nous) del cosmos.
[Tirar los dados infinitamente y revelar con certeza matemática el número de la próxima tirada.]
Segunda Presunción
Muero, la finitud del existir es la más terrible de las evidencias, aunque el secreto radica en que siempre será una hipótesis; la muerte del semejante una precentificación, la conciencia trascendental un deseo de eternidad. Hay un universo sin Dios, sin posibilidades de revés, resto amorfo, atópico. Hay azar, insiste desde el no-sitio, incalculable, inapresable pero subsistente, temor radical de la ciencia en las formas de una racionalidad.
El azar es un dado blanco, liso, sólido, sin pecas, sin números. Los números lo ingresan en la criba de una gramática bíblica, con todo y Apocalipsis, pues el espacio de las probabilidades es el espacio de los cumplimientos, del destino. Una mesa, un paño y la diacronía de las tiradas: tiempo y espacio siguen siendo condiciones de las experiencias de Dios, y de las nuestras.
[Tirar los dados infinitamente sin funciones que garanticen jamás el número de la próxima tirada.]
El azar es una abertura en las determinaciones que rigen los puntos en ese paraguas matemático que llamamos universo, cobertizo debajo del cual caminamos (espacio), finitamente (tiempo), y en esa chance: ¿Podríamos alterar la creación de Dios? ¿No es acaso Eva un puente genital hacia la trasgresión de ese cielo?
Si Dios juega a los dados, si Dios es los dados, si los dados juegan a los números, si los números extienden su paño al despliegue de las probabilidades, si las probabilidades son un destino, si Dios es todas las combinaciones y todos los finales, si Dios siempre gana, si el destino es paz y cielo, entonces, ¿es el azar aquello que llamamos infierno?
No hay nadie que jamás haya escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno, nos aseguraba Antonin Artaud.
Si Dios creó el universo y los seres que lo habitan, entonces debió trazar un proyecto, detentar un deseo, espejarse sobre la consideración de un otro, asumirse quizás como entidad intencional, o inconciente. Así, ¿Resulta descabellado pensar que insistan en su tórax los fracasos de su bella y necesaria creación, el dolor de una carencia? ¿Está Dios arrojado a la arritmia de un azar? ¿Dios sufre?
[Poco importa si Dios es honesto; lo patente es que ya no logra garantizarnos una certeza.]
Hipóstasis
Pero también puede suceder que Dios sea el azar, la abertura, la anomalía irracional en la incidencia de un periodo numérico imposible de matematizar (el número Pi), un intento de trazo en lo simbólico, constante tensión hacia el azar, hacia lo es que es (Soy lo que soy, lo inmutable, lo que no cesa de no inscribirse, lo).
Aunque aceptar esta hipótesis implicaría para nosotros, desamparados y vulnerables, tener que ubicar a Dios en el agujero insustancial de un universo no-todo matematizable. De esta manera, Dios sería aquello que emana de las simbolizaciones, lo que resta, lo que escurre; entonces: ¿quién creo el universo del cual Dios es falta a la vez que producto? ¿Tiene Dios su propio inventor? ¿El inventor de Dios sufre?
1.11.08
PEPÉ PEPÉ PEPÉ

La imagen es la de un amanecer naranja cítrico, abierto y en movimiento, templando los senderos castaños en la llanura que es mi espalda; ajustada con presteza a la cintura oronda de un rey sol, devorándose el horizonte con sus ojazos de nipona. La sensación es sencilla y directa, habla, ríe, acaricia, acomoda el entendimiento alrededor de un cosmos que necesita ser amado. La sensación es insondable como su entrega, como su corazón gordo por los dulces de vocablos; pócimas que elabora ella solita en su fábrica de aventuras, en su tienda de sucesos.
31.10.08

Vivaz, audaz, locuaz, vulnerable, alocadamente volcánica. La de las mil victorias, palabras justas, acogiéndonos. Miles de niños amándola, deseándola hasta los huesos. Como yo la deseo la desea el mundo, libre y valiente, capaz de vencer el Apocalipsis con sencillas humoradas. Así es la que amo, insegura como el viento de primavera, incapaz de arriesgarse a una estación, pero incansablemente verano.
Valentina ojitos de codorniz: hay seres excepcionales que son en sí mismos una ley viviente, capaces de reinventar el mundo con cada agudeza, allí donde todos somos irremediablemente sus esclavos. Alojamiento virginal, alma esencial, supermujer. Todo en ella es preñez y tensión, como la piel de un durazno al filo de la tentación. Todo en ella es elocuencia, abundancia, generosidad. Todo en ella es inteligencia y belleza, las cualidades más peligrosas en una mujer maldita. Yo tengo una, es mía, y no la comparto. ¡Escucharon?... pequeños sabandijas.
30.10.08
Matías Alberione es una sensibilidad intrépida perforando los dolores inmaculados de una humanidad encarnada en la uña de su riñón derecho. Todo cuanto crea es de plexo, de hondura, sustancia orgánica modelando el mundo a base de epifanías color ladrillo. Su obra es monumental, aunque carece de paralíticos monumentos. Nada de chaturas, nada de angulosas columnas, sus creaturas son ondulantes, envolventes, calentitas. Nada hay en Alberione que finja una tradición, una influencia, una anátomo-política de los cuerpos disciplinados. Sus búsquedas son verdaderos espasmos de vida, pulsiones que trazan redondelas en las mejillas más peponas del universo. Alberione es un verdadero vitalista, un cínico en el sentido en que lo eran Antístenes, Crates o Diógenes de Sinope, a pura provocación, a puro voluntarismo estético; un filósofo de la vida y de la arcilla, por eso creo que Nietzsche lo hubiese amado, tanto o más que a Paul Ree. Por eso nosotros lo amamos aún más, porque sin sus cervicales de roca ya estaríamos hace tiempo mutilados del ojo, muertos de pena cubista, de aburrimiento.
Si desea conocer un fragmento de la magnifica obra de M. Alberione visite:
29.10.08
(DADOS) BLANCOS
Vivo. Hay orden. Las cosas se dibujan entre los pentagramas del mundo y los dedos de un pianista, entre el pensamiento exterior y la física de las yemas. Memorizar las notas, olvidarlas, abandonarse a la melodía.
26.10.08
Jorge Julio López
La desaparición por detrás del recuerdo
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Este texto fue compuesto para el mejor blog cordobés del 2008, a pedido de Iván Ferreyra el imprescindible. Le recomiendo visitar ese lugar: www.matemosajorge.blogspot.com. Allí podrá recorrer la comedia de nuestra divina cultura, todo a través de un nombre y sus encarnaciones. Cinco Quintines.
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Desapareció, lo ayudaron, lo obligaron, se lo pidieron. No hizo caso, mi memoria olvida, no dejó trazos en mi neocortex. Intento recordar, pero las imágenes son extremadamente nítidas.
Jorge López, una sábana blanca disimula su figura, un cuerpo escrito con letreros formando alaridos, dos tetillas quemadas y testículos como cohetes.
Lo recordamos, los deformamos, lo exigimos; se trata de esos vacíos mortíferos, parcos. La caducidad, el tiempo, la ausencia que asegura la posesión. Estamos vivos, mas desaparecidos, ahogados en un río caudaloso, crecido. Trae agua, ramas, víboras, barrio y piedras.
López Neruda, es fuerte el recuerdo, más largo el olvido.
LA SUCCIÓN SEMIÓTRICA
No me sometieron al torno cuando las muelas se infectaron, lo cual era cielo, tratándose de sanguijuelas bípedas. No me depositaron en un orfanato, pero me extirparon de una expendedora biológica No me arrastraron por el pavimento humeante, ni me colgaron del abismal declive. No me olieron. No me escribieron sentencias. No me espiaron por detrás de las orejas, ni me comieron el hígado al llegar la esputa tarde. No me cogieron, lo suficiente como para experimentar un derrumbe. No me desviaron, encorvaron, torcieron, depositaron en cajas ajenas. No me sentaron a servir pantomimas, ni me vistieron, ni me incendiaron el supura ombligo. No me golpearon, lo suficiente como para experimentar el inquieta quiebre. No me hablaron. No me exigieron la tarea. No me ataron los pulgares, lo suficiente como para experimentar un exceso. No me acariciaron sin pretextos, no me palparon sin rodeos, no me culparon sin sarna, sin roña, sin pulso. No me delimitaron, lo suficiente como para experimentar un destino.
24.10.08
19.10.08

EL DUEÑO DEL PODER NO VIVE EN LA MUNICIPALIDAD
Las colas de los organismos públicos son como aspiradoras. Escuchaba a uno decir que al poder le conviene, a los fines de su dominación, una masa de gente cada día más embrutecida, orientada al consumo febril de efímeros e incapaz de instalar en la atmosfera cualquier tipo de cuestionamiento. Obviamente que lo que apenas escuché lo estoy expresando de un modo elegante, la enunciación era aún más vulgar: el poder quiere un pueblo ignorante, porque no le conviene que la gente piense; la gente bruta es más fácil de manejar.
A lo largo de mi vida escuché tantas veces esta idea que haberme detenido en una crítica resulta prodigioso. La olí en boca de mi padre en los 80, en la escuela secundaria mientras transitaba esa etapa, en la universidad cuando me cruzaba con los trotskistas de la mesita. Es una opinión tan enraizada en el saber popular que a estas alturas no está muy lejos de convertirse en una teoría sexual infantil: todos la repiten y repiten sin detenerse en lo que significa, casi por reflejo, como preguntarle a un enano taxista: ¿Cómo va? ¿Cuánto es? ¿Me decís la hora? ¡Qué día asqueroso!
El poder no quiere nada y nada quiere el poder. Nadie lo posee, nadie lo detenta, ni está en ningún lado. El poder funciona, en todo caso se ejerce en una gran red sin punta de ovillo, como lo expresara Freud en 1893 al formular el síntoma histérico: determinismo múltiple, de comando múltiple (mehrlach determiniert, überbestimmt). Entonces, me parece, no habría algo así como seres demoníacos que mueven hilos como jugando al titiritero. El poder es anónimo y es todos nosotros.
Las cosas son como son, por eso funcionan como funcionan. ¿Podrían ser de otra manera?, quizás, en todo caso es legítimo desearlo (aunque desear sea posible en el campo de Otro. El deseo es “función de la libertad”, decía Lacan, a sabiendas que al Otro le patina el embrague, y menos mal, pues entonces hay posibilidades de separarse).
No hay conciencia del poder, no hay intención del poder, no hay un plan que diga: hagamos que todos vean televisión mientras nosotros nos morfamos el lemon pie de la historia (es probable que alguien manifieste inquietudes semejantes, no será más original que el tipo de la cola, pero no creo que sea lo decisivo en este asunto). El poder tampoco es una fuerza que mueve la mano que escribe el texto por detrás del mundo. El poder es así, una fisis de aquí, microscópica y macroscópica, funciona, y podría funcionar de otra forma, en tanto y en cuanto las condiciones se dispusieran de otra forma. ¿Mecanicismo?, si quieren…, pero como en toda máquina, aún en las más evolucionadas, algo pierde aceite (el sujeto de la ciencia, pretendido en un cálculo totalizador, se escurre en ese goteo viscoso donde se juega su libertad).
¡Pero cómo? Si en 1906 Freud nos invitaba a pensar que en la vida anímica hay mucho menos libertad y libre albedrío de lo que nos inclinamos a suponer; acaso ni siquiera los haya. Harto sabido es: lo que llamamos contingencia en el mundo ahí fuera se resuelve en leyes; y también descansa en leyes -oscuramente vislumbradas por ahora- lo que en lo anímico llamamos «libre albedrío». Entonces… ¿No somos libres?, o: somos menos libres de lo que creemos, y también lo contrario, más libres de lo que creemos. (El delirio y los sueños de la “Gradiva”)
Lo repasemos en 1920 en Más allá del principio de placer:
La pulsión reprimida nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena, que consistiría en la repetición de una vivencia primaria de satisfacción; todas las formaciones sustitutivas y reactivas, y todas las sublimaciones, son insuficientes para cancelar su tensión acuciante, y la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido engendra el factor pulsionante, que no admite aferrarse a ninguna de las situaciones establecidas, sino que, en las palabras del poeta, ‘acicatea, indomeñado, siempre hacia adelante’.
En lo incalculable habita un sujeto, un vació. Nos levantemos del diván vienés, le hagamos caso a Lacan cuando en diálogo con Hippolite nos aseguraba:
Las críticas filosóficas hechas a las investigaciones propiamente mecanicistas suponen que la máquina está privada de libertad. Sería muy fácil demostrar que la máquina es mucho más libre que el animal. El animal es una máquina bloqueada, no pueden variar. ¿Por qué? Porque es el medio exterior lo que determina al animal y hace de él un tipo fijo. Manifestamos una Mayor libertad, en el sentido de libertad como multiplicidad de elecciónes posibles, en tanto que, con relación al animal, somos máquinas, esto es, algo descompuesto. Perspectiva ésta que una máquina en la que ciertos parámetros ya nunca se ponen en evidencia.
La libertad es una preocupación delirante. Cuando se trata de la locura, la libertad se confunde con el desarrollo de la servidumbre (Hegel). Imponer las leyes del corazón como defensa ante un mundo en derrumbe, que no es otro que el propio mundo, nos ahoga en una situación paradójica y mortífera, nos mete la enfermedad en la píldora que tomamos para sanarnos.
Las largas colas en los organismos públicos no me hacen bien. Pero funcionan de esa forma, no me imagino al Intendente pergeñando: hacerlos esperar, de pie, hasta desfallecer, y dejarme a mí con mi rica Franceschini.
18.10.08

En 1982, en su introducción al segundo tomo de Historia de la sexualidad (El uso de los placeres), Michel Foucault “re-define” la Experiencia -lo más personal y lo más íntimo- como la correlación en una cultura entre sistema de saber, tipos de normatividad y modos de subjetividad, a deducir, lo más muchedumbroso y lo más éxtimo.
15.10.08
Corsi el degenerado
La pedofilia no nos deja ver el bosque
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Este texto fue compuesto para el mejor blog cordobés del 2008, a pedido de Iván Ferreyra el imprescindible. Le recomiendo visitar ese lugar: www.matemosajorge.blogspot.com. Allí podrá recorrer la comedia de nuestra divina cultura, todo a través de un nombre y sus encarnaciones. Cinco Quintines.
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¿Qué se puede decir?, miles de cosas, pero ojo con arrojar opiniones políticamente incorrectas. Que este señor calvo sea Psicólogo no es algo que deba destacarse especialmente, pues para ser facultado en tal materia a nadie se le andan revisando las desviaciones. Sucede a menudo que el médico, el psiquiatra, el psicólogo, el psicoanalista, están asociados a esa dirección de conciencia moral que le fuera conferida específicamente al alienista en el siglo XVII, el día en que la medicina se introdujo en los asilos, y no para tratar la locura, sino para defendernos de su potencial epidemia. Trabajar con el sufrimiento humano coloca prácticas como éstas en una posición de autoridad que les parecen connaturales, último peaje discursivo e instrumental antes de un encuentro decisivo con la muerte (qué es sino el diagnóstico y el tratamiento sino simbolizaciones premorten).
Este caso, que nos escandaliza, debería hacernos pensar, entre muchas otras cosas, en el estatuto que adquieren los sujetos, más allá de sus individualidades, cuando son legitimados jurídica y socialmente como instrumentistas de un saber y de una práctica que en ocasiones resultan totalitarias y dominantes. Creo que para eso sirve traer al evento el hecho impúdico de que una deformación moral resulte responsabilidad de alguien que por su profesión no le estaría permitido siquiera concebirla.
Que alguien que participa en una cátedra sobre Violencia Familiar experimente una suerte de fascinación morbosa por delitos como los descriptos tampoco es algo llamativo… ¿es raro pensar que un tipo que trabaja en un archivo histórico sea un necrofílico de los documentos, que por las noches se masturba sobre viejos papeles mientras se embriaga en una voluptuosidad irresistible?
Tras el juicio (Nemo debet inaudito damnari) que Jorge Corsi sea debidamente condenado por sus aberraciones, y que todos nosotros nos detengamos un momento a pensar, de paso, no sólo en la pederastia (no es ni el primero ni el único caso), sino y también en la posibilidad de hacer una crítica de los saberes legitimados para decirnos cómo son las cosas y del poder que les delegamos a aquellos que lo ejercen sobre nosotros. Hecho esto, poco importará si un violador es psicólogo, astronauta o verdulero.
Si por no asumir quién eres necesitas que un otro te marque el camino. No te quejes si en vez de verdades viene el látigo, o si la verdad tiene forma de látigo.

Encomio de Jorge Dorio
Hablar en difícil como restitución del trauma
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Jorge Dorio se adjudicó esta tarea en contra de cierta interioridad conflictiva demasiado escuchada hasta entonces. Enumeremos las circunstancias, que queden como máximas de la cultura universal.
1) Jorge Dorio comprendió que la función del intelectual no es más que una pose al servicio de la razón de estado. Decidió aceptarlo y, en consecuencia, mediatizar su pensamiento a cambio de una suma conveniente (nadie cree que alguien pueda hacerse millonario con ese trabajo).
2) Jorge Dorio comprendió que las antinomias existenciales (boca-river, peronista-radical, católico-protestante) son imaginerías políticas de una condición bastante más decisiva: recreaciones de un otro que se constituye a partir de una imagen eroto-agresiva, un otro que puede ser vehículo a la vez que obstáculo a la propia satisfacción, condición que Jorge Dorio creyó un argumento insondable de la naturaleza humana, abortando cualquier intento ingenuo que tuviese que ver con mejorar el mundo a partir de la aniquilación del supuesto enemigo. Con ese razonamiento neutralizó las ficciones vigentes, quiso estar más allá de cualquier reproche, lo que le permitió firmar el contrato sin culpas.
3) Jorge Dorio sintió que el flujo de la vida es algo a lo que no debía ni podía resistirse, aceptando la imposibilidad de controlar las consecuencias de sus decisiones, renunciando a cualquier acto de voluntad que pudiera coagular su libre circulación a través del cosmos.
4) Jorge Dorio, sin dudas, está más allá del bien y del mal, pues la televisión está más allá del bien y del mal.
Hechas estas aclaraciones, resulta entendible que Jorge Dorio resolviera sus contradicciones a partir del ejercicio de un discurso abstruso y circular, maquillándose el personaje del intelectual feroz una hora por día, escupiendo veneno de su lengua bífida, jugando al ataque, al análisis y a la crítica en un lugar que, por su condición misma, sólo da lugar al blableo; pero que sin embargo, es un espacio mucho más iluminado que la academia.
Jorge Dorio es un verdadero nihilista, para él, la verdad es un problema político-histórico en constante tensión hacia la nada. No por eso rifará su vida, ni se lo pediremos.
14.10.08
Tridecaheptódromos de partículas enclíticas
Una vaca ansiosa me contó que miles de holandos se hicieron gordas gracias al quinquenal que Perón enchufó al pueblo mientras miles de golondrinas se mataban despiadadas y hambrientas en cada demostración de vecino con ceño peligroso.
Los obesos se cargan en el alma antes que en la manifestación corpórea de sus membranas y articulaciones como gran tejido liposo rodeando los mojones azucarados de un esqueleto redondo a causa de un desgaste moralmente eólico.
Los vicios son propiedad privada de los seres adinerados y diestros a la hora de ingerir los humos que producen aquellas cosas con las que pocos cuentan pero que valen miles de deseos por su misma inaccesibilidad.
Leche que bebemos en mamadera y vomitamos rápidamente movidos por la repugnante sensación de saber que viviremos metiéndonos la nata del mundo en el esófago a causa de dos lujuriosos que resolvieron tocarse debajo de los manzanos.
Que te vives quejando de los dolores de muelas mientras millones de inquietos resucitados reclaman sus cuerpos sustraídos de las tumbas por falta de pruebas elementales y tentativas que constaten con justeza el supuesto de mi muerte.
Los hombres son aficionados a la fatalidad del destino mientras el azar sobrevive como hipótesis de la física o especulación abstrusa de filósofos hundidos en las circunstancias de un clero sometido a la voluntad de muchos dioses.
Cuántas veces lloraremos en los mismos puertos si la lengua que atraviesa veloz la herida pútrida nos advierte que el remedio de la vida se oculta detrás del tiempo que sabe dar razones a todos los transcursos.
Nemo debet inaudito damnari bajo prioridad que queden debidamente indicados los argumentos que del procesado dan fiel y exhaustiva cuenta de la responsabilidad que debe atribuírsele sobre los hechos vergonzosos por los cuales se lo acusa irrevocablemente.
IDEÓMANO
Sobre mis estados carnales
Por momentos puedo crearme una consistencia material similar a la de un cuerpo humano, cuando sucede, soy capaz de elaborar convulsiones que en otros causarían la parálisis, la inconciencia, la inconsistencia e incluso la muerte.
Además de cerebro y columna vertebral, mi cuerpo desarrolla conexiones intelectuales en las paredes y tejidos de cada uno de sus órganos. El estómago, el hígado, los riñones, los intestinos, son capaces de pensar con la misma autonomía y velocidad que el cerebro, capaces incluso de elaborar emociones por sí mismos y de reaccionar de un modo absolutamente independiente de los interdictos globales. Los estímulos del mundo exterior no siempre son comunicados al cerebro, lo cual revela una diferencia estricta y fundamental con respecto a los otros cuerpos, cuyas sensibilidades están mayormente absorbidas.
HOLOGÉNESIS
Soy una luz programada intemporalmente, que por alguna extraña elocuencia un día cobró materialidad y conciencia de si misma.
Soy un holograma proyectado sobre las incerteza. Siempre deberé escribirme: G(?)
La gramática del universo se asoma por detrás de un número cuya decimalización (animalización) es perpetua y latente. Puede intuirse mediante el cálculo del siguiente número.
(Soy una lateralización sin volumen sobre un plano sin litoral, sin posibilidades de revés. Durante milenios los hombres han intentado rodearme, descubriendo que, al igual que el horizonte, es imposible envolverme, avistar mis omóplatos.
Algunos aseguran que los cuerpos pueden cortarse como canicamas, pero a más de uno le ha costado un recuerdo comprobarlo.
(Soy un principio de no identidad, una formulación del Dios viviente, la número 37).
13.10.08
11.10.08
BABAGAYS
¿Quién era el man? Preguntaba un pibe de boa al cuello, zapatillas plateadas y anteojos Raiban. ¿Quién era el man?, preguntaba mientras un desconsolado milongueaba la historia del caudillo Facundo Quiroga.
El Babagay es un tipo de espíritu quick chef que transita las calles de la vieja Córdoba masticando chicle y vestido en Kosiuco. Su billetera dice: Papá tiene grandes expectativas depositadas en mí, y su peinado emula las ventoleras de los pensadores de antaño.
El Babagay es alguien que, por encima de cualquier ser humano reflexivo, ha logrado resolver con todo éxito los enigmas esenciales, viviendo siempre a pleno esa especie de experiencia ontológica de la nada. A nadie le cabe mejor estas palabras de San Juan de la Cruz:
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo de nada
OH, HIPPIE SARKANI
Chicas bienaventuradas, de pelos largos quemados, anteojos parabólicos y senos vergonzosos; de pezones marrones caqui pulsando fuertemente hacia la espalda, provocando una inmensa joroba de prejuicios y educación privada.
Siempre obliteradas entre spanglishs y ondulantes movimientos de caderas, leves como plumas reales, graves como cerámicas chinas.
Voces de pajarito zapatos de hilo, vacuas sosas hiperlaxas, presumiendo el abolengo por debajo de sus axilas Dove. Actitud manida de boa implume, boqueando a labios rojos de jarro las verdades ajenas. Abiertas de par en par, hambrientas, con más sharm del soportable.
¿Un anhelo?: tomarlas del cuello para lijar sus rostros vichy sobre un revoque de obra. Atravesarlas con palabras peneanas y regalarles un orgasmo de favela.
Fragmentos - Ediciones Recovecos - 2008
Complaciendo
cuerpo sin continente
te consumes
mi madre de rodillas
masturbándome
Juan Filloy. Su existencia fue un talud abismal, una inclinación pronunciada en el master planned del Universo. Desde sus ojos leguleyos sabía muy bien que los negros belfos de nariz chata y gruesa musculatura jamás podrían compararse con los esperpentos teratológicos jorobados misoneistas estacionados en los campanarios de las catedrales. Vivió enredado en la homofobia, la isotopía y la palindromía, entre portentos y bestiarios sofisticados. Murió atrapado en los atavismos ciclópeos de sus futuros precursores.
Los cuerpos están llenos de pelos, de rulitos rubios y crenchas. Hacia las extremidades pueden verse miasmas y bollos de lana como de colchón espeso. Algunos aseguran que el cuero cabelludo es un colador de pensamientos.
Los cuerpos se entremezclan, ya no habrá barricadas, ni revoluciones de la caca.
Inspiración: tiempo o fase en la respiración del espíritu mediante el cual ingresa el lenguaje en los pulmones, en los ojos, en las uñas. Se realiza a expensas de un diafragma que bosteza por sus llagas, cuya parte media se contrae, se tuerce hasta el dolor. Mientras tanto, el esternón se dirige hacia delante como un guerrero de causas inútiles. Las costillas se elevan por acción de los músculos intercostales, como plumas, como ángeles negros. A consecuencia de estos movimientos anatomo-metafísicos, la amplitud de la caja toráxica aumenta en todo su diámetro, glotonería que deja un hueco en torno de los pulmones. De esta forma y merced a la presión atmosférica, el aire penetra, rompe, se cuela entre las membranas, navega el plasma y se derrama. Lo que sigue es un territorio.
Brotado a sí mismo, desde un hueco cóncavo. Succionado hacia afuera. Pero el deseo no funcionó como lengua, como baba tibia y envolvente. Apenas un giro centrífugo, y entonces un rulo respiratorio, lo inexistencial. A eso llamo yo una muerte súbita.
Los autistas son seres destemplados, canallas que detrás de sus gestos macizos le hacen pito catalán a
PENSABRUPTO
¿Qué gracia tendría arrojarse a un océano del cual ya se conocen sus remolinos y sus puertos?
Es apasionante vivir atravesando géneros como quién atraviesa la Avenida Colón burlándose de algún semáforo, al trotecito, atento al peligro que representa para las buenas formas ser embestido por un colectivo, un carro, un taxi o un peatón que en parecido esfuerzo, aunque más atento a la estampida motora, te lleva por delante a mitad del asfalto.
«Que el puño debe cerrarse justo antes de impactar en el pómulo del contrincante, buscando la inmediata neutralización del ataque y la correspondiente humillación del camorrista» Aquí se enseñan los caminos de la mano vacía».
Los japoneses son seres increíbles: «caminos de la mano vacía». Y es evidente que los argentinos nos apropiamos sólo de las cosas útiles, con semejante significado el KARATE DO podría convertirse en nuestro deporte nacional.
Este camino
nadie ya lo recorre
salvo el crepúsculo
No me detengo, recupero algunos procedimientos: el haiku es un poema del instante, de lo que sucede aquí, en este momento. El poeta se instala como ingenuo testigo de la naturaleza, motivo más que suficiente para asumir una vida a la intemperie, buscando capturar a cada paso, en una tarea que quiere pero no le permite mantenerse al margen, los acontecimientos minúsculos que se suceden ante sus ojos.
Qué haré hoy
Para no hostigarte
Lascivamente
Me siento un haijin, un poeta de ojos rasgados, comprendo enseguida por qué trabajo de creativo publicitario, mis palabras construyen mundos novedosos, y ésta es sólo una pequeña y rápida muestra de lo que puedo lograr con un poco de tiempo bien aprovechado. De pronto me interrumpe una futura discusión con Vicente Haya, tipo que imagino mordaz y mal habido que vive para destruir mis esfuerzos poéticos: «maldito profano, me dice altivo, es de mala educación copiar un genero de museo que tiene tan poco en común con nuestra temporalidad y geografía. Por qué no se dedica a seleccionar gente para trabajar en un call center, es usted psicólogo y ya le he visto hacerlo, le aseguro que podría ser empleado del año si se lo propusiera».
No me amedrento, y mucho menos a mitad de la Vélez Sarsfield, comprendo inmediatamente el carácter artificial de una pregunta semejante, me siento Descartes, dudando de lo que nadie duda, vuelvo el entendimiento a la vereda y descubro sorprendido que el diariero ha resuelto su problema ontológico, es que ya no le importa.











































































































